BIOGRAFÍA CAROLINA CORONADO (1820-1911)
Created by Carolina_Coronado on 09/05/2010
Last updated: 25/01/11 at 00:31
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El 15 de enero de 1911 muere Carolina, después de algunos años en los que el silencio se había convertido en su más fiel amigo y aliado. Posteriormente los restos de la poetisa, junto a los de su marido, serán trasladados a Badajoz: Se refugia el espíritu en la nada cual si a extinguirse fuera nuestro aliento y en el vago no ser, desorientada, cesa de la criatura el sufrimiento. (De “Quejarse es protestar”, Mitra, Lisboa, 1910)
Boda de su hija Matilde en Lisboa (1899) con Pedro María de Torres - Cabrera, hijo del marqués de Torres – Cabrera, noble extremeño de Villanueva de la Serena, que se encontraba refugiado en la capital portugues después de la tercera guerra carlista. Al parecer Carolina se opuso a esta boda e incluso se negó a que su hija abandonara su habitación (que compartían desde la muerte del padre) ni tan siquiera la noche de bodas. Y es que, al parecer, Carolina, caprichosa y dominante según sus biógrafos, aumenta sus rarezas y desequilibrios a medida que pasan los años y se acerca a la vejez. Sin embargo con este matrimonio la familia suavizaba, en parte, su dura situación económica, ya que al final de su vida, Carolina (que ya había sido ayudada por las hermanas de su marido) no era propietaria ni de la casa donde vivía, que se encontraba hipotecada.
Carolina decidió no enterrarlo sino embalsamado para tenerlo junto a ella en la capilla del palacio de Mitra.
En 1889, la poetisa se niega a aceptar la invitación cursada por el erudito Díez y Pérez para el homenaje que la capital pacense pretendía hacer en su honor, aunque agradece el gesto con un soneto: Una corona no, dadme una rama de la adelfa del Gévora querido, y de mi genio, si hay genio, habrá obtenido un galardón más grato que la fama. No importa al porvenir cómo se llama la que el mundo decís que dio al olvido; de mi patria en el alma está escondido ese nombre que aún vive, sufre y ama. Os oigo desde aquí, desde aquí os veo, y de vosotros hablo con las olas que me dicen con lenguas españolas vuestro afán, vuestra fe, vuestro deseo. Y siento que mi espíritu es más fuerte en esta vida que os parece muerte.
La familia se traslada a Lisboa. Horacio es nombrado agente de la compañía Eastern Telegraph. Sin embargo, con el tiempo, esta nueva ocupación de Horacio llevará a la familia a la ruina. Los primeros años de su vida en Lisboa estuvieron presididos por su continua presencia en la vida social (recepciones, conciertos...), pero a medida que pasaban los años, y sobre todo tras la muerte de su marido, Carolina, siempre aquejada de su enfermedad nerviosa, fue recluyéndose en su residencia, el palacio de Mitra.
En 1873 publica La rueda de la desgracia. Muestra ya su evolución hacia un mayor realismo.
Carolina se niega a darle sepultura y el cadáver es embalsamado y custodiado por las monjas de un convento en Madrid. Algo similar ocurrirá con el cadáver de su marido, que permanecerá córpore insepulto en el palacio de la Mitra, en Lisboa, hasta que al fallecer Carolina, es trasladado junto con los restos de ésta a Badajoz. Esta reacción ante la muerte de la poetisa se debe en parte al espanto que sentía Carolina ante la posibilidad de ser enterrada viva. No olvidemos que Carolona sufría de catalepsia, durante cuyas crisis quedaba totalmente postrada, pudiendo dar la sensación de que estaba muerta. Aunque este temor a ser enterrado vivo era algo bastante extendido en la época, tema por otra parte muy romántico. Edgar Allan Poe se refiere a este asunto en su cuento “El entierro prematuro”.
En 1872 prepara una nueva publicación de sus Poesías, que no llegan a publicarse. En su prólogo dice así: “Yo no soy literata: hice versos desde que supe hablar; dejé de hacerlos desde que aprendí a callar”.
En 1868 se fechan los versos “A la abolición de la esclavitud en Cuba”, poesía que provocó un escándalo político al ser declamada en público el 14 de octubre, poco después de estallar la Revolución setembrina, con la que simpatizaban Carolina y su marido.
[...] Sonó la libertad, ¡bendita sea!
Pero después de la triunfal pelea,
no puede haber esclavos en España.
¡O borras el baldón que horror inspira,
o esa tu libertad, pueblo, es mentira! [...]
La Reglamentación española de la esclavitud del año 1842
Este reglamento ilustra sobre la situación legal de los esclavos antes de 1870 (y en parte hasta 1880).
http://www.cedt.org/1842.htm
A pesar de su amistad con Isabel II, Carolina dio refugio en su casa a liberales como Emilio Castelar, Carlos Rubio, López de Ayala, Martos y Becerra. Sublevación del Cuartel de San Gil Participó también en la campaña contra la esclavitud, llegando a ser, con Concepción Arenal, del cuadro dirigente de la Sociedad Abolicionista de Madrid.
Vino a suavizar la tristeza en la que le había sumido la muerte de su hermano Pedro Coronado.
La segunda parte, ya que la primera había sido publicada en 1851 en el Semanario Pintoresco. Narración seudobiográfica basada en la vida de Luisa Sigea, latinista y musicóloga del siglo XVI.
http://books.google.es/books?id=VQdfAAAAMAAJ&dq=inauthor%3A%22Carolina%20Coronado%22&pg=PP7#v=onepage&q&f=false
Nace su segundo hijo, Carlos Horacio, pero muere en noviembre de ese mismo año, víctima de unas fiebres tifoideas.
A raíz de su maternidad, Carolina Coronado manifiesta su intención de alejarse del mundo literario, al menos afirma haber abandonado sus ansias de triunfo y su afán de publicar. Seguirá escribiendo literatura, pero en el ámbito privado, y dedicada a sus nuevos quehaceres. Así lo dice ella misma en unos versos que dedica a su hija, en su primer aniversario: Si canto ya será para dormirte, y si me ven con el oído atento no será para oír mi propio acento, será, si te despiertas, para oírte; si canto ya será para decirte lo que al mecerte entre mis brazos siento; pero jamás al número sujeta cantaré con el tono del poeta.
Incorpora su primer libro de 1843 (treinta y siete poemas) más ciento ochenta y dos poemas nuevos. En palabras de Noël Valis “la colección abarca desde la primera floración de Carolina en plena época romántica hasta 1852, momento de madurez poética que también marca un cierre definitivo en la vida y obra de la extremeña. Después seguirá escribiendo y publicando por unas seis décadas más, pero la escritora profesional -y ambiciosa- habrá cedido a la autora ocasional, de aficiones literarias más bien esporádicas. De lo no recogido en la colección del 52 se han contado más de cuarenta poemas publicados en periódicos, revistas y álbumes españoles y portugueses, además de material manuscrito".
http://books.google.es/books?id=HS8pLf16A_8C&lpg=PA7&dq=carolina%20coronado&pg=PA9#v=onepage&q&f=false
Contrae matrimonio con el diplomático norteamericano Horacio Perry el mismo año que publica sus Poesías. Para celebrar la boda hubo que salvar algunos inconvenientes, como que el novio era protestante y Carolina católica. En Gibraltar se celebró un matrimonio mixto, la boda católica se hizo en París. Instalado el matrimonio en Madrid, su palacete de la calle de Rejas se convierte en lugar donde se dan cita los personajes más destacados de la vida política y cultural del Madrid de la época. Parece ser que Carolina y su marido dieron cobijo a algunos liberales perseguidos, como Emilio Castelar. Entre los años 50 y 60 brillará con luz propia en la vida cultural de Madrid el salón de Carolina, en el que se dan cita las personalidades políticas y culturales más importantes de la época. Son años de felicidad y bonanza para los Perry. Horacio comienza sus negocios con el telégrafo.
Poema a Carolina de su cuñada Martha Perry Lowe
http://books.google.es/books?id=wLICAAAAYAAJ&dq=carolina%20coronado&pg=PA21#v=onepage&q=carolina%20coronado&f=false
En 1850 publica su ensayo sobre “Safo y Santa Teresa de Jesús”. Publicación de las novelas Adoración, Paquita, Jarilla. Sus personajes son víctimas de la dominación masculina.
Traslado definitivo de la familia a Madrid, aunque según uno de sus más importantes biógrafos, Alberto Castilla, durante los primeros años de estancia en la capital, hacía constantes viajes a Almendralejo y Badajoz. Las dificultades económicas que sufre la familia la obligan a publicar escribir constantemente (artículos, novelas por entregas, ensayos...) en periódicos y revistas de la época.
El cuadro de la esperanza se representó en el Liceo madrileño , el 13 de enero de 1849. Antes de 1846 fue estrenado en Badajoz Alfonso IV de León. No se sabe nada de Petrarca y El divino Figueroa, que parecen ser obras musicalizadas.
Una enfermedad nerviosa también fue la que la llevó a Madrid, al balneario de Marmolejo, buscando unas aguas curativas.
El Liceo artístico y literario le dedicó una sesión , donde fue premiada con una corona de laurel y oro. Allí leyó su composición Se va mi sombra, pero yo me quedo.
En la sesión que el liceo celebró después para obsequiar a sus majestades se representó El cuadro de la esperanza, una de sus obras dramáticas.
http://www.museothyssen.org/thyssen/palacio_villahermosa
En 1847 cae enferma teniendo que trasladarse a Andalucía. Visitó Cádiz, en cuya ciudad permaneció algún tiempo, despidiéndose con una bellísima inspiración Al mar, que reprodujeron todos los periódicos de la península y de América.
Éste no es más que uno de los numerosos ataques catalépticos que la escritora sufrirá a lo largo de su vida. De hecho según cuentan algunos de los estudiosos de Carolina, ésta no fue nunca una mujer muy equilibrada, era nerviosa y supersticiosa. Solía llevar amuletos para su protección y llegó a desmayarse en varias ocasiones porque decía haber visto al fantasma de su padre. Eran conocidas sus rarezas y el despotismo que ejercía sobre su familia, sobre todo al final de su vida, no deja lugar a dudas, ya que incluso se negó a que su hija Matilde, con quien compartía habitación desde la muerte de Perry, la abandonara para dormir con su esposo ni siquiera en la noche de bodas. Según sus biógrafos esta inestabilidad psíquica puede encontrar su explicación en la enorme tensión que Carolina tuvo que vivir en su vida, sobre todo a partir de su matrimonio, entre su clara inclinación hacia la literatura y sus obligaciones como esposa y madre. Incluso se intuye que llegó a experimentar un profundo sentimiento de culpa ante las numerosas muertes de seres queridos que tuvo que soportar en su vida: su hermano, su hijos... Esto la hacía sumirse en largas y profundas crisis que la alejaban por largo tiempo de la escritura.
Espaldarazo definitivo para entrar en el mundo de las letras.
Ya en este año su nombre figuraba en todos los periódicos literarios de Madrid y provincias y era admitida sucesivamente en el Instituo Español y en casi todos los Liceos de España, incluso los de Madrid y La Habana.
http://books.google.es/books?id=TM8NAAAAYAAJ&printsec=frontcover&dq=carolina+coronado&cd=1#v=onepage&q&f=false
Carolina busca un mentor para su poesía:
Juan Eugenio Hartzenbush
Estamos en el momento de mayor éxito del romanticismo español. Florecimiento de escritoras dedicadas a la poesía. Estreno de Don Juan Tenorio.
A las mujeres empiezan a abrírsele las puertas de liceos, tertulias y ateneos, como clara señal de la democratización de la cultura, pero no de la Real Academia.
A la mujer se concedía un espacio muy restringido dentro de la poesía; se aceptaba tan solo que el objeto de sus composiciones poéticas fuera el de los afectos personales, la expresión del dolor ante la muerte de un ser querido, el afecto hacia la madre o el hermano...(poesía de circunstancias) y todo ello en un tono recatado. Nada de explosión de pasiones humanas, nada de expresión de la subjetividad.
Carolina encontró serias dificultades para publicar su obra. La Sociedad Tipográfica y Literaria no aceptó la publicación de la segunda colección de sus poesías, y es que era normal que, en el ámbito de la vida doméstica, las mujeres enviaran poemas a amigos y familiares, los incluyeran en cartas o incluso los publicaran en los numerosos álbumes de la época, pero la publicación de un libro de poemas era algo más serio, reservado, quizás, al quehacer de los hombres.
Carolina luchó duramente por ver publicados sus poemas.
http://books.google.es/books?id=Pt2fAAAAMAAJ&dq=carolina%20coronado&pg=PA164#v=onepage&q=carolina%20coronado&f=false
Publicación del poema “A la palma” en el número 262 El Piloto, periódico madrileño editado entre otros por Alcalá Galiano y el extremeño Donoso Cortés. Despierta así el interés de los poetas románticos en Madrid, entre ellos el de Espronceda quien le dedica un poema: A CAROLINA CORONADO. DESPUÉS DE LEÍDA SU COMPOSICIÓN A la Palma Dicen que tienes trece primaveras y eres portento de hermosura ya, y que en tus grandes ojos reverberas la lumbre de los astros inmortal. Juro a tus plantas que insensato he sido de placer en placer corriendo en pos, cuando en el mismo valle hemos nacido, niña gentil, para adorarnos, dos. Torrentes brota de armonía el alma; huyamos a los bosques a cantar; dénos la sombra tu inocente palma, y reposo tu virgen soledad. Mas, ¡ay!, perdona, virginal capullo, cierra tu cáliz a mi loco amor, que nacimos de un aura al mismo arrullo, para ser, yo el insecto; tú, la flor.
Badajoz y los campos de Bótoa. En 1838, en plena guerra civil, Carolina Coronado emprendió con entusiasmo el bordado de una bandera para un batallón creado para defender el trono de Isabel II. La Diputación de Badajoz le dedicó con este motivo un oficio en que podía leerse la siguiente: “No le es dado a la diputación recompensarle, porque sabe que el mayor premio para V. será el que los valientes a quienes sirve de guía recuerden al regresar a sus hogares cubiertos de laureles, la mano delicada que bordó el emblema por cuya defensa derramaron su sangre”. A este oficio acompañaba una sortija de brillantes, que llevaba en el reverso el nombre de la corporación.
Recibió, como era usual en el caso de las mujeres, una instrucción escasa acorde con su condición de mujer y con las funciones que le estaban destinadas, el cuidado del hogar y la educación de los hijos: Mis estudios fueron todos ligeros porque nada estudié sino las ciencias del pespunte y del bordado y del encaje extremeño, que, sin duda, es tan enredoso como el código latino, donde no hay un punto que no ofrezca un enredo. Carta escrita en 1909 En el caso de las jovencitas de familias distinguidas, a estos estudios se les sumaban en la época, la iniciación en la técnica del dibujo y la pintura, ciertos conocimientos de geografía e historia, leves nociones musicales y algún manejo del francés de salón. Así que tuvo que encontrar sus primeras lecturas de forma autodidacta. Buscó sus primeros libros en la biblioteca familiar y leía a escondidas, pues al parecer su madre no era nada partidaria de la inclinación nada femenina de Carolina a la literatura. La población tampoco aceptaba que una mujer se dedicara a tales quehaceres. La propia Carolina en carta a su mentor, Juan Eugenio de Hartzenbush expresaba su queja ante este hecho: “... en esta población tan vergonzosamente atrasada, fue un acontecimiento extraordinario el que una mujer hiciese versos, y el que los versos se pudiesen hacer sin maestro, los hombres los han graduado de copias y las mujeres, sin comprenderlos siquiera, me han consagrado por ellos todo el resentimiento de su envidia” (24 de octubre de 1840). Al parecer sus autores favoritos fueron Santa Teresa, Fray Luis de León, Garcilaso, San Juan de la Cruz, Meléndez Valdés, Alberto Lista, Lamartine... De forma también autodidacta aprendió idiomas, francés e italiano, y empezó a leer la literatura de estos países en su lengua de origen. Parece ser que lo primero que escribió con tan solo 10 años fue una lamentación por la muerte de una alondra que enterró al pie de una encina.
En 1823 la familia se traslada a Badajoz. Cuando Carolina tenía tres años, la familia se traslada a Badajoz al ser nombrado su padre secretario de la Diputación pacense. Tras la restauración fernandina, su padre es encarcelado por liberal. Posteriormente será liberado por la cuarta esposa del monarca, María Cristina de Borbón, a la que Carolina Coronado le estará eternamente agradecida.
Nace en Almendralejo, en el seno de una familia acomodada y liberal.
En 1820 en Badajoz todavía se oían los ecos de la lucha y victoria contra las tropas de Napoleón. En este año se iniciará en el país un trienio de constitucionalismo liberal que con su brutalidad acostumbrada aplastó Fernando VII, monarca odiado en el hogar de los Coronado, ya que fueron víctimas de la represión fernandina el abuelo, Fermín Coronado -muerto en 1820 por el maltrato de unos fernandistas fanatizados- y el padre de Carolina, Nicolás, encarcelado en Badajoz hasta la amnistía concedida por María Cristina de Borbón en 1829.
“Nueve leguas al oeste de la capital de Extremadura, que tiene su asiento en las márgenes del Guadiana, en una de las villas más agradables del país por su alegre y despejado cielo, y a cien pasos de distancia de la casa de Almendralejo en que vio la luz primera el malogrado Espronceda, nació en 1823 la señorita doña Carolina Coronado, la tercera de ocho hermanos, de D. Nicolás Coronado (natural de Villanueva de la Serena y doña María Antonia Romero (de esta villa). Allí se deslizaron dulcemente los primeros años de la graciosa niña, destinada a ser más tarde orgullo de su patria.“
Poesías de Carolina Coronado, edición de Noël Maureen Valis.
Partida de bautismo de Carolina
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