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Created by Monicarrilloflores on Feb 3, 2011
Last updated: 02/13/11 at 08:19 AM
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Se conoce con el nombre de Semana Trágica a los acontecimientos desarrollados en Barcelona y otras ciudades de Cataluña, entre el 26 de julio y el 2 de agosto de 1909. Lunes, 26 de julio La huelga general fue seguida mayoritariamente en Barcelona, Sabadell, Tarrasa, Badalona, Mataró, Granollers y Sitges, y se creó un comité de huelga para su coordinación y dirección. Las autoridades ordenaron la salida del ejército a la calle, que fue acogido por la población con gritos de ¡Viva el Ejército! y ¡Abajo la guerra!, y salvo incidentes muy esporádicos resultó una jornada pacífica. Martes, 27 de julio La llegada de noticias de Marruecos sobre el Desastre del Barranco del Lobo, donde perecieron 200-300 reservistas, en su mayor parte del contingente que salió de Barcelona el día 18 de julio, provocó el inicio de la auténtica insurrección con el levantamiento de barricadas en las calles. La inicial protesta antibelicista se transforma en protesta anticlerical con el incendio de iglesias, conventos y escuelas religiosas. Este giro anticlerical de los amotinados tiene su causa en varios motivos muy arraigados en el proletariado urbano al ser la Iglesia Católica, a diferencia de los gobernantes o de los empresarios, la institución que estaba más en contacto con el pueblo, lo que daba lugar a fricciones continuas. Por ejemplo, la educación era impartida en escuelas controladas por la Iglesia y se inculcaba a los hijos de los obreros unos valores contrarios a la causa obrera; o los hospitales e instituciones de beneficencia estaban regentados por religiosos; o el impulso, por parte de la Iglesia, de los denominados sindicatos amarillos, opuestos al sindicalismo anarquista, mayoritario en la ciudad. Se proclama el “estado de guerra” en la ciudad y la proclamación de la ley marcial, y comienzan los primeros disparos, en la zona de Las Ramblas, el ejército abandona la actitud pasiva mantenida hasta entonces y hace que se enconen aún más los ánimos. Miércoles, 28 de julio Barcelona amanece con numerosas columnas de humo procedentes de los edificios religiosos asaltados e incendiados. El comité de huelga se muestra incapaz de controlar a los obreros y la insurrección se desborda alcanzando esta su clímax ya que la ciudad no dispone de tropas con que hacer frente a los amotinados al negarse la guarnición y las fuerzas de seguridad a combatir a los huelguistas a quienes consideran sus compañeros. Jueves, 29 de julio La falta de una dirección efectiva hace que el motín popular inicie su declive. La única esperanza de los sublevados es que la situación se extienda al resto de la Península, lo cual no se produjo al actuar el Gobierno aislando Barcelona y difundiendo la noticia de que los sucesos de la ciudad tenían carácter separatista. Este mismo día llegan a Barcelona tropas de refuerzo procedentes de Valencia, Zaragoza, Pamplona y Burgos que finalmente dominan entre el viernes, 30 de julio, y el sábado, 31 de julio, los últimos focos de la insurrección. La Represion: El balance de los disturbios supone un total de 78 muertos (75 civiles y 3 militares); medio millar de heridos y 112 edificios incendiados (80 religiosos). El gobierno Maura, por medio de su ministro de la Gobernación Juan de la Cierva y Peñafiel inicia de inmediato, el 31 de julio, una represión durísima y arbitraria. Se detiene a varios millares de personas, de las que 2000 fueron procesadas resultando 175 penas de destierro, 59 cadenas perpetuas y 5 condenas a muerte. Además se clausuraron los sindicatos y se ordenó el cierre de las escuelas laicas. Los cinco reos de muerte fueron ejecutados, el 13 de octubre, en el castillo de Montjuic. Entre ellos se encontraba Francisco Ferrer Guardia, cofundador de la Escuela Moderna, a quien se acusa de ser el instigador de la revuelta basándose únicamente en una acusación formulada en una carta remitida por los prelados de Barcelona. Estos fusilamientos ocasionan una amplia repulsa hacia Maura en España y en toda Europa, organizándose una gran campaña en la prensa extranjera así como manifestaciones y asaltos a diversas embajadas. El rey, alarmado por estas reacciones tanto en el exterior como en el interior de España, cesa a Maura y le sustituye por el liberal Segismundo Moret.
El USS Maine (ACR-1) fue un acorazado pre-dreadnought de la Armada de los Estados Unidos que se hundió en el puerto de La Habana en febrero de 1898 a causa de una explosión. Había sido construido entre 1886 y 1888 en Nueva York, sirviendo tras su comisión en la costa este de los Estados Unidos y el mar Caribe. En enero de 1898 fue enviado a La Habana para "proteger los intereses norteamericanos". Dos semanas más tarde, la noche del 15 de febrero, una explosión voló la proa del barco, lanzando cuerpos y partes de la estructura y se hundió rápidamente, causando 266 víctimas. El capitán, Charles Dwight Sigsbee, y la oficialidad, que dormía en el castillo de popa, sobrevivió. La explosión, sobre cuyas causas se ha especulado e investigado mucho, fue uno de los detonantes de la Guerra Hispano-Estadounidense. Teorías más comunes sobre el hundimiento del Maine •La primera teoría es que patriotas cubanos pro-españoles, marinos españoles, insurgentes cubanos o marinos estadounidenses, según versiones, se acercaron al buque en la oscuridad y adosaron una mina a la proa del Maine. Dentro de esta teoría, la más plausible es que se trató de una explosión realizada intencionalmente por fuerzas estadounidenses, que estaban ávidas de una excusa para atacar a España. Cabe destacar que meses antes de la voladura del Maine, los Estados Unidos habían hecho gestiones para comprar la isla de Cuba. •La segunda teoría es la detonación espontánea de los pañoles de munición. En 1975, una investigación llevada a cabo por el almirante estadounidense Hyman Rickover examinó los restos recuperados en 1911 y concluyó que no hubo evidencias de una explosión externa. La causa más probable del hundimiento fue una explosión de polvo de carbón, de una carbonera imprudentemente localizada junto a la santabárbara de la nave.
La Reina Regente cede el trono a Alfonso XIII (1886-1941) cuando éste cumple los dieciséis años y el nuevo Rey jura la Constitución, en 1902. En 1923, se produce el golpe del general Primo de Rivera, que abolió la legalidad constitucional y las libertades civiles; y en 1931, después de haber presenciado cómo Alfonso XIII acepta sin protesta la dictadura, los españoles, que ya no confían en la Corona, contribuyen con sus votos y posicionamiento a la caída de la Monarquía. Alfonso XIII, para evitar que la sangre corriera por las páginas de la historia de España, puso fin a su reinado con el exilio. Cuando en España se decreta la II República la Familia Real ya se había instalado en Roma: Alfonso XIII, su esposa, la princesa Victoria Eugenia, y sus cinco hijos: el príncipe Alfonso y los infantes Jaime, Beatriz, María Cristina y Juan. Las Cortes, entonces, quieren elaborar una nueva Constitución y, el país, sometido a una fuerte inestabilidad, permite que un sector de militares se alce en armas contra el Gobierno. Manuel Azaña se ve obligado a dimitir y el general Franco instaura una dictadura que había de durar hasta su muerte, en 1975.
El 26 de noviembre de 1885, las campanas de las iglesias de España doblan a muerte cada cuarto de hora y los cañones de las fortalezas hacen salvas hasta la puesta de sol. El día anterior ha muerto el rey. El periódico de ayer decía: S. M. el Rey don Alfonso ha experimentado un recargo en su enfermedad, pero esta tarde se ha encontrado algo mejor, habiendo tomado algún alimento. También se reseñaba que el rey sufrió un ataque de disnea, que hoy valoramos como fase extrema de la tuberculosis que le llevó a la tumba.
El PSOE se fundó con el propósito de representar y defender los intereses de la clase trabajadora nacida de la revolución industrial en el siglo XIX.En sus comienzos el PSOE tiene como principal objetivo la defensa de los derechos de los trabajadores y la consecución de los ideales del socialismo, surgido de la corriente filosófica y política marxista, mediante la toma del poder político por la clase trabajadora y la socialización de los medios de producción para establecer la dictadura del proletariado, como periodo de transición hacia la sociedad socialista. La ideología del Partido Socialista Obrero Español ha ido evolucionado a lo largo del siglo XX en torno a los acontecimientos históricos más relevantes y a la propia evolución de la sociedad. En 1979 el partido abandonó definitivamente las tesis marxistas, de la mano de su entonces secretario general Felipe González, no sin antes superar grandes tensiones y dos Congresos, el primero de ellos favorable a mantener el marxismo. A partir de ese momento, los diversos acontecimientos tanto fuera como dentro del partido propiciaron que los proyectos del mismo acabaran por semejarse al del resto de partidos socialdemócratas europeos, aceptando la defensa de la economía de mercado. Actualmente el PSOE se encuadra dentro de la socialdemocracia. Está agrupado junto con otros partidos socialistas, socialdemócratas y laboristas en el Partido Socialista Europeo.
El Manifiesto de Sandhurst fue un manifiesto de carácter político firmado el 1 de diciembre de 1874 por el entonces príncipe Alfonso de Borbón (futuro rey Alfonso XII de España), mientras se encontraba en el exilio. En el documento mostraba su disposición para convertirse en rey y partidario de una monarquía parlamentaria.
En España ha habido dos momentos en los que se podría hablar de "fenómeno cantonalista": Primer período El primero de esos fenómenos tuvo lugar durante la I República, el 12 de julio de 1873, cuando estalla la insurrección en Cartagena bajo el nombre de Revolución Cantonal, extendiéndose en los días siguientes por muchas zonas de las entonces regiones de Valencia, Andalucía (especialmente el de Granada), Cartagena (el cual soportó durante algunos meses la represión de Nicolás Salmerón gracias a disponer de arsenal militar y control marítimo) y en las provincias de Salamanca y Ávila, lugares todos ellos en los que se llegaron a articular cantones (estados independientes voluntariamente federados en la Unión Española), destacando también, en Extremadura, el intento de constituir cantones en Coria, Hervás y Plasencia. Pi i Margall, viendo que se declaraban cantones independientes por la tardanza de la imposición de las mejoras, dimite de su cargo abdicando en Salmerón, que dedica su escaso mandato a reprimir el movimiento. Esta represión se prolonga hasta el golpe de estado (que rompe la Primera República Española) del general Manuel Pavía Segundo período El segundo período citado como quizá adscribible a esta denominación, pese a no serlo de una manera ideológica como el anterior, corresponde al final de la Segunda República Española, durante el que se desarrolló una Guerra Civil y la llamada Revolución Española de 1936, cuando durante meses se establecen decenas de Comités y Consejos municipales y comarcales (excepcionalmente existirán algunos de mayor ámbito) autónomos del poder del Estado, con sus propias monedas y billetes, llegando en algunos casos a declararse independientes municipios o provincias (Asturias y León se declaran soberanas a finales de agosto de 1937 con la constitución del Consejo Soberano de Asturias y León, comunicando esta decisión a la Sociedad de Naciones).
La Tercera Guerra Carlista se desarrolló en España entre 1872 y 1876 entre los partidarios de Carlos, duque de Madrid, pretendiente carlista con el nombre de Carlos VII, y los gobiernos de Amadeo I, de la I República y de Alfonso XII. En marzo de 1870 Ramón Cabrera presentó la dimisión como jefe político y militar del carlismo por creer que no se daban las "condiciones razonables de alcanzar el triunfo por las armas" y no querer exponer a España a una nueva guerra civil. El pretendiente, que llevaba meses preparando la insurrección desde el exilio estableció el 21 de abril de 1872 como la fecha para el comienzo de la sublevación. Esta guerra carlista se desarrolló sobre todo en las Provincias Vascongadas y Navarra. La restauración de los Fueros por el pretendiente en julio de 1872, abolidos por los decretos de Nueva Planta por Felipe V, influyó en la fuerza del levantamiento en Cataluña y en menor medida en Valencia y Aragón y algunas partidas poco activas por Andalucía, así como el resto del territorio peninsular, especialmente en áreas montañosas donde practicaban el bandolerismo ante su marginalidad y escasa eficacia a la hora de establecer un vínculo con el pueblo que facilitara su actividad guerrillera. Tras la proclamación de la Primera República Española en febrero de 1873, muchos monárquicos isabelinos se pasaron al bando carlista, aumentando con la insurrección cantonalista. Por el contrario, el golpe de Pavía en enero de 1874 y el pronunciamiento de Arsenio Martínez Campos el 29 de diciembre de 1874, que condujo la restauración de la dinastía caída en 1868 en la persona de Alfonso XII, contribuyeron a restar fuerzas a los carlistas, así como el acercamiento al Vaticano del Gobierno español, y el reconocimiento de Alfonso XII por parte de Ramón Cabrera que publicó un manifiesto a la Nación y otro dirigido al Partido Carlista.
Juan Prim salía de casa la noche del 27 de diciembre de 1870 a las 19:30, dirigiéndose en un carruaje al Ministerio de la Guerra acompañado de su ayudante personal Nandín y del coronel Moya. Al llegar a la calle del Turco, se encontraron dos berlinas detenidas al final de la misma, desembocando ya en la calle Alcalá. El carruaje del general Prim tuvo que detenerse ante el imprevisto entorpecimiento. El coronel Moya, que iba situado junto a la ventana se asomó para ver en qué consistía la detención, viendo tres hombres vestidos con blusas que apuntaban carabinas o retacos. En ese momento el Moya gritó “¡Bájese usted, mi general, que nos hacen fuego!“. Inmediatamente sonaron tres detonaciones por el lado izquierdo y algunas más por el lado derecho. El cochero, al advertir lo que pasaba, comenzó a insultar y dar latigazos a los asesinos, así como azotó a los caballos para que arrancaran rápidamente atropellando a los dos carruajes que se habían interpuesto en el camino. Una vez estuvieron en la calle Alcalá, el cochero y el coronel Moya ayudaron a los heridos, el general Prim y su ayudante, a subir al Ministerio de la Guerra. El general Prim subió por sí solo, viéndose ayudado únicamente de la barandilla, pero con la mano y el hombro visiblemente dañados.
Ante el descontento hacia el régimen monárquico de Isabel II, añadiendo el hecho que favorecía al Partido Moderado de Narváez, se creó un comité de acción con los Partidos Progresista y Demócrata, éste con Cristino Martos a la cabeza, bajo la presidencia de Prim y de acuerdo con Salustiano Olózaga, al que se unieron los Republicanos que firmaron en agosto de 1866 el Pacto de Ostende en contra de Isabel II. O'Donnell se negaba a que su Partido Unión Liberal se uniese a este grupo, pero a su muerte en 1867, su sustituto, el General Serrano también se unió, igual que los republicanos, de Pi i Margall, con lo que se arrastrarían un gran número de altos cargos militares, que estuvieron a la espera del primer aviso. El fin de este pacto era derrocar a la reina y a su régimen, cuya escandalosa vida privada, manteniendo relaciones íntimas con los jefes de estado [cita requerida] y el establecimiento de unos derechos fundamentales, entre los que destacan el sufragio universal, inspirado por los demócratas, partido al que finalmente se adheriría Prim[cita requerida]. Una vez conquistado el poder se formarían unas Cortes constituyentes que establecerían la forma de gobierno desde entonces: monarquía o república. Este pacto constituyó la fase previa a la Revolución de 1868, la llamada Gloriosa, que acabó con la monarquía de Isabel II, obligada a exiliarse en Francia e inició el período denominado Sexenio Democrático que se prolongará hasta diciembre de 1873. Este periodo se dividió en dos partes: 1.1868-1870. Empieza con la revolución del 1868, en la que el general Topete se alzará contra Isabel II y se reunirá con Prim y Serrano. Tras el exilio de Isabel, Prim y Serrano encabezarán lo que se denomina el gobierno provisional, y se impondrá la constitución del 1869 con muchas características liberales y democráticas. Se otorga el sufragio universal masculino, gran declaración de derechos de los ciudadanos, división de poderes... Será bicameral, progresista y laica. 2.1870-1874. Prim buscará a un monarca democrático y su candidato será Amadeo de Saboya que, tras ver la situación económica y política española, dimitirá en 1873. En 1873 empezará la 1ª República.
El Manifiesto de Manzanares del 7 de julio de 1854, redactado por Antonio Cánovas del Castillo, y firmado por Leopoldo O'Donnell exigía reformas políticas y unas Cortes Constituyentes para hacer posible una auténtica «regeneración liberal». El 7 de julio de 1854 el General en Jefe del Ejército Constitucional Leopoldo O'Donnell, conde de Lucena, se pronuncia contra el Gobierno en las cercanías de Madrid (Vicalvarada). La politización del levantamiento se logra a través de un Manifiesto, redactado desde Manzanares por el joven Antonio Cánovas del Castillo, futuro artífice de la restauración borbónica. El Manifiesto es una llamada a los españoles, en el cual se pide la continuidad del Trono, pero sin camarillas que lo deshonren, al mismo tiempo que se habla de cosas muy caras a los progresistas: mejorar la ley electoral y la de imprenta, y rebajar los impuestos. Españoles: La entusiasta acogida que va encontrando en los pueblos el Ejército liberal; el esfuerzo de los soldados que le componen, tan heroicamente mostrado en los campos de Vicálvaro; el aplauso con que en todas partes ha sido recibida la noticia de nuestro patriótico alzamiento, aseguran desde ahora el triunfo de la libertad y de las leyes que hemos jurado defender. Dentro de pocos días, la mayor parte de las provincias habrá sacudido el yugo de los tiranos; el Ejército entero habrá venido a ponerse bajo nuestras banderas, que son las leales; la nación disfrutará los beneficios del régimen representativo, por el cual ha derramado hasta ahora tanta sangre inútil y ha soportado tan costosos sacrificios. Día es, pues, de decir lo que estamos resueltos a hacer en el de la victoria. Nosotros queremos la conservación del trono, pero sin camarilla que lo deshonre; queremos la práctica rigurosa de las leyes fundamentales, mejorándolas, sobre todo la electoral y la de imprenta; queremos la rebaja de los impuestos, fundada en una estricta economía; queremos que se respeten en los empleos militares y civiles la antigüedad y los merecimientos; queremos arrancar los pueblos a la centralización que los devora, dándoles la independencia local necesaria para que conserven y aumenten sus intereses propios, y como garantía de todo esto queremos y plantearemos, bajo sólidas bases, la Milicia Nacional. Tales son nuestros intentos, que expresamos francamente, sin imponerlos por eso a la nación. Las Juntas de gobierno que deben irse constituyendo en las provincias libres; las Cortes generales que luego se reúnan; la misma nación, en fin, fijará las bases definitivas de la regeneración liberal a que aspiramos. Nosotros tenemos consagradas a la voluntad nacional nuestras espadas, y no las envainaremos hasta que ella esté cumplida. Cuartel general de Manzanares, a 6 de julio de 1854. El general en jefe del Ejército constitucional, Leopoldo O'Donnell, conde de Lucena.
La Vicalvarada fue un pronunciamiento de militares "progresistas", dirigido por los generales Leopoldo O´Donnell y Domingo Dulce contra el gobierno moderado. Consecuencia del golpe de estado finaliza la década moderada los progresistas se hacen con el poder (1854-1856), lo que se denomina el bienio progresista El levantamiento ocurrió el 28 de junio de 1854, las tropas de los sublevados se enfrentan a las del gobierno en Vicálvaro (pueblo cercano a Madrid). Con el triunfo revolucionario, Espartero, también liberal progresista, es nombrado Presidente del Consejo de Ministros y O'Donnell ocupa la cartera de Guerra. Este pronunciamiento dio lugar durante varios días a una verdadera revolución en Madrid con resultados muy relevantes en personas y edificios. Los revolucionarios asaltaron las casas de los nobles y de los Ministros del Gobierno. Importantes fueron los daños causados en los palacios del marqués de Salamanca y de María Cristina , que fueron asaltados e incendiados. Igualmente fueron asaltadas la casa del Ministro de Fomento, en la calle Prado con León y la del Ministro de Hacienda. Las barricadas se vieron por la zona de la Puerta del Sol , produciéndose numerosos asesinatos "populares". Destacado fue el linchamiento y maltrato público del jefe de la policía que acabó su vida siendo fusilado en la Plaza de la Cebada. El levantamiento militar en Madrid fue seguido por otros en Zaragoza, Barcelona, Valencia, Logroño y San Sebastián. Los políticos progresistas se movilizaron el 6 de julio a través del manifiesto político de Canovas del Castillo ,"Manifiesto de Manzanares", reivindicando cambios en el régimen político con objeto de iniciar un giro liberal a la situación política del momento: trono sin camarilla, ley de imprenta, ley electoral, rebaja de los impuestos de consumos, descentralización municipal, nueva milicia. El 29 de julio entran triunfantes en Madrid Espartero y O´Donnell aclamados por los madrileños y el 1 de agosto formaron el nuevo gobierno Los revolucionarios presionaron a la Reina Isabel II y ésta nombró como ministros del Gobierno Provisional a parte de los miembros de la Junta Revolucionaria de Madrid. El gobierno provisional impuso la entrega del poder a Espartero , quien a su vez, pactó con Leopoldo O´Donnell, conde de Lucena, que aceptó la cartera de Guerra. La permanencia de Espartero duró dos años, bienio progresista. Sin embargo, entre Espartero y O´Donnell surgieron discrepancias y la reina Isabel apoyó a O´Donnell, convirtiéndose en el protagonista de la situación política . Después de la Vicalvarada, entre O'Donnell y e Isabel II surgió un amor platónico que favoreció la confianza mutua. La diferencia de edad, ella veinticuatro y él cuarenta y cinco, no hubiera sido ningún obstáculo para Isabel a quien nunca importaron esas diferencias, ni siquiera las jerárquicas. Sin embargo, fiel a su índole, terminó por humillarle públicamente hasta el límite de obligarlo a renunciar. A renglón seguido, y sin remordimiento, nombró en su lugar a Narváez.
Bienio Progresista es el nombre con el que se conoce el breve periodo de la Historia de España transcurrido entre julio de 1854 y julio de 1856, durante el cual el Partido Progresista pretendió reformar el sistema político del reinado de Isabel II, dominado por el Partido Moderado desde 1843, profundizando en las características propias del régimen liberal, tras el fracaso de los gobiernos moderados en la década anterior. La revolución de 1854, a finales de junio, y que engloba tanto el pronunciamiento ocurrido el 28 de junio, como los sucesos de julio (el General O'Donnell, con el apoyo de Francia y Gran Bretaña, y desde la embajada británica en Madrid, dio un golpe de Estado en julio de 1854), dieron lugar al Bienio Progresista (1854–1856) de Baldomero Espartero (Partido Progesista) que finaliza con la cesión del gobierno al General Leopoldo O'Donnell
En 1841, Espartero forzó la salida de España de la regente María Cristina y se proclamó regente a su vez. Su acción de gobierno fue poco acertada. Su liberalismo le impulsó a liberalizar el comercio de tal modo, que perjudicó gravemente a la industria nacional, que no podía resistir la competencia extranjera. La ruina del ramo textil catalán, a causa de las importaciones de Inglaterra, desencadenó una rebelión en Barcelona que fue violentamente reprimida (1842). Los antiguos camaradas de armas de Espartero se volvieron contra él, y no tardó en estallar una rebelión en Sevilla. El general Ramón María de Narváez (1800-1868) derrotó al regente en Torrejón de Ardoz (1843), le obligó a exiliarse y se hizo con el poder. De inmediato se declaró la mayoría de edad de Isabel II (1830-1904), que por entonces contaba sólo 13 años. Comenzaba así un período moderado, que se extendió hasta 1868, y que se caracterizó por la reorganización territorial (la actual división provincial se había establecido en 1833) y administrativa, las reformas legales y una prosperidad que se alimentó gracias a la implantación del proteccionismo, y que se hizo más patente a partir de 1854. En 1848 se inauguró el primer ferrocarril. La riqueza se fue concentrando en la periferia, donde se consolidó la burguesía, en tanto las regiones centrales se empobrecían paulatinamente. En definitiva, en este período el país registró cambios notables que a su vez promovieron transformaciones sociales, pero las condiciones de pobreza seguían predominando. La población sobrepasaba ya los 15 millones de habitantes: había censados más de 250.000 pobres de solemnidad y dos millones de jornaleros agrícolas, que representaban el estrato social más mísero; pero vastos sectores del país padecían también escasez. En 1845, Narváez inspiró la reforma de la Constitución de 1837 en un sentido conservador se atribuía la soberanía nacional al rey y a las Cortes, no al pueblo, y el cuerpo electoral venía a ser el l % de la población , que atenuó o al menos retrasó en España los efectos de la Revolución francesa de 1848. Tras el conflicto con la Iglesia a raíz de la desamortización, las relaciones se normalizaron en virtud del Concordato de 1851. Los moderados admitían difícilmente la oposición y gobernaban con criterio monopolístico y excluyente. La corrupción estaba generalizada y llegaba a la propia corte. Isabel II, obligada por razones de Estado a casarse con su primo Francisco de Asís, notorio homosexual, se entregó sucesivamente a varios amantes, alguno de los cuales intervino en política sin el menor reparo. El malestar nacional convergió en el pronunciamiento del general Leopoldo O'Donnell (1800-1867) en 1854, conocido como "la Vicalvarada" (por haberse producido en la localidad madrileña de Vicálvaro). Aunque fracasó, obtuvo amplia adhesión de las capas populares, que protagonizaron disturbios en Madrid en lo que fue una versión local y suavizada de la Revolución de 1848. La situación no se remedió ni siquiera volviendo a llamar a Espartero. O'Donnell acabó accediendo a la jefatura del gobierno (1858) e inauguró una breve etapa de estabilidad, de la que fue artífice ideológico Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897). Fue el llamado gobierno de la Unión liberal. En parte por la momentánea superación de los problemas internos y en parte por mantener ocupados a los militares y por ceder a la moda imperialista europea, se produjo en esta época una intervención armada en Africa. Tomando como pretexto ciertos incidentes registrados en Ceuta, las tropas españolas invadieron Marruecos (1859-1860). En esta campaña descolló el general Juan Prim y Prats (1814-1870), artífice de la victoria de los Castillejos, a la que siguieron la rendición de Tetuán y la victoria de Wad Ras, que puso fin a las operaciones.
En plena Guerra de la Independencia José Bonaparte fue nombrado rey de España en 1808 por su hermano Napoleón. José I Bonaparte en 1809 tomó la decisión de instaurar la primera Bolsa de Comercio en Madrid, como sede, se eligió el edificio del Convento de San Felipe el Real, en la Puerta del Sol, pero el escenario político existente en aquel momento y la opinión pública en contra de su creación dificultó que ésta se produjera, no llegando a configurarse dicho mercado bursátil. Fue la primera iniciativa seria y resultó interrumpida por la guerra. Fernando VII el Deseado, apodado así por el clamor popular que suscitó su figura tras el cautiverio que sufrió durante la guerra, sucedió a la expulsión definitiva de Jose Bonaparte en 1813 tras el fin de la Guerra de Independencia contra los franceses, heredando una España cargada de deudas públicas, arrastradas por los conflictos bélicos de los reinados de su padre Carlos IV y su abuelo Carlos III. El 10 de septiembre de 1831, se aprueba la ley que daba origen definitivamente a la Bolsa de Madrid Ley de Creación y Organización de la Bolsa de Madrid[2] redactada por Pedro Sainz de Andino. Entre los días 27 y 29 se publicaría íntegramente en La Gaceta de Madrid. Un lugar de reunión de comerciantes y agentes mediadores en donde se conciertan o cumplen las operaciones de contratación de activos mobiliarios, así se definía la Bolsa en el artículo 64 del código de Comercio de 1829. Se promovió con la ley la creación de un mercado semejante a los existentes en otros países, como las bolsas como las de Londres, París o Nueva York. Su nacimiento se debió principalmente a la necesidad de tener un lugar donde colocar y dar salida públicamente a los títulos de deuda del Estado para hacer frente a las deudas extraordinarias que generaban las guerras y los gastos militares, por lo que en su origen la bolsa funcionó en la práctica como vehículo de financiación del gasto bélico. La Bolsa era una institución desconocida por el gran público por ello no fue bien recibida por todos, ya que una parte de la opinión pública consideraba la inversión bursátil como un juego de azar, pero otros reconocieron el papel que tendría como forma de canalizar el ahorro y la financiación de la inversión en una organización regulada. Tampoco gustó que se ubicase en Madrid, una plaza que no estaba tan desarrollada industrial y comercialmente como otras zonas de la periferia.
En 1713, el rey Felipe V de España promulgó la Ley Sálica, por la que las mujeres sólo podrían heredar el trono de no haber herederos varones en la línea principal (hijos) o lateral (hermanos y sobrinos). De esta forma, pretendía evitar que los Habsburgo recuperaran el trono a través de líneas dinásticas femeninas. Un siglo más tarde en marzo de 1830, Fernando VII de España tuvo un problema: no tuvo hijos varones, sólo dos hijas, Isabel (posteriormente conocida como Isabel II de España) y Luisa Fernanda de Borbón. El padre de Fernando VII, Carlos IV de España, había hecho un tímido intento de eliminar la ley sálica, y Fernando decidió llevarlo a cabo promulgando la Pragmática Sanción, para que su hija mayor pudiera heredar el trono y ser proclamada reina tras su muerte, siguiendo la tradición española. Esto perjudicó a su hermano, Carlos María Isidro de Borbón (heredero legítimo de la corona según la ley sálica), de modo que sus partidarios (entre ellos, el ministro Calomarde) presionaron a Fernando VII para que cambiara de criterio y derogara la Pragmática. Sin embargo, Fernando, tras sufrir un grave ataque de gota, mantuvo su postura y cuando murió el 29 de septiembre de 1833, Isabel fue proclamada reina; pero debido a su minoría de edad, el reino quedó bajo la regencia de su madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias.
El Tratado de Valençay es un acuerdo firmado en la localidad francesa del mismo nombre, por el que el emperador Napoleón I ofrecía la paz y reconocía a Fernando VII como rey de España, como consecuencia de las derrotas sufridas en la Guerra de la Independencia y, especialmente, del deterioro progresivo del ejército francés y de la moral de los soldados por el continuo acoso de la guerrilla.
Las Trece Colonias Americanas Las Trece Colonias británicas de la costa atlántica de Norteamérica protagonizaron a fines del siglo XVIII la primera insurrección colonial contra la metrópoli, Gran Bretaña. Las colonias tenían una población de un millón y medio de personas aproximadamente, de gran diversidad y alto nivel cultural, constituida por inmigrantes procedentes de Inglaterra y de otros países europeos que en su mayoría eran pobres, disidentes religiosos y políticos o delincuentes. La economía de las colonias estaba basada en la agricultura. En el norte abundaban las pequeñas granjas de cereales, hortalizas y ganadería; las colonias del sur tenían plantaciones de cultivos destinados a la exportación - tabaco, azúcar, arroz- trabajadas por numerosos esclavos negros importados de África. La actividad comercial era muy importante. Debido al monopolio comercial de Gran Bretaña, que se reservaba la exportación de todos los productos coloniales de interés económico y estratégico, las colonias sólo podían comerciar con ésta y en barcos británicos, lo que perjudicaba a los comerciantes americanos, que efectuaban un intenso comercio ilegal para burlar las normas. A cambio Inglaterra les protegía de sus enemigos. La sociedad era esencialmente rural, más igualitaria en el Norte y más aristocrática en el Sur, aunque predominaba en general una amplia clase media. Los núcleos urbanos eran pocos y de reducido tamaño, destacando Boston, Nueva York o Filadelfia. En ellos vivía una burguesía ilustrada, de elevada formación intelectual, animada por las ideas de libertad e igualdad que llegaban de Europa. Políticamente, los colonos eran súbditos del rey inglés. Cada colonia estaba regida por un Gobernador, nombrado por la metrópoli, asesorado por un consejo. Una Asamblea, elegida por los colonos mediante sufragio restringido y formada por la minoría más destacada, poseía ciertas funciones legislativas, como la aprobación de nuevos impuestos. La Revuelta Colonial La rebelión de las Trece Colonias americanas contra Gran Bretaña fue debida a la defensa de sus intereses perjudicados por la política colonial de Jorge III. El gobierno británico tras su triunfo en la Guerra de los Siete Años (1756-1763) debida a rivalidades coloniales con Francia y España, decidió imponer a los colonos nuevas tasas e impuestos directos (sobre el papel sellado o timbre y el azúcar) para sufragar los gastos ocasionados por la guerra, ya que las colonias eran las principales beneficiarias de la misma. Los disgustados comerciantes y gentes ilustradas rechazaron estas leyes que no habían votado, ya que no tenían representantes en el Parlamento de Londres, ni tampoco habían sido aprobadas por las Asambleas coloniales. En 1765 manifestaron su desacuerdo con motines y negándose a importar mercancías inglesas, logrando suprimir la ley del timbre. En 1767 el Parlamento estableció gravámenes sobre el papel, plomo, vidrio y té. La burguesía colonial recurrió de nuevo al boicot y todos los impuestos fueron abolidos menos el que gravaba el té. En 1773 protestaron porque el Gobierno había concedido a la Compañía de las Indias Orientales el monopolio de la venta del té. En el puerto de Boston (Massachussets) unos desconocidos disfrazados de indios lanzaron al mar el cargamento de té de los barcos de la Compañía. Es el episodio llamado Motín de Boston. Los ingleses respondieron en 1774 cerrando el puerto y con medidas de castigo contra los habitantes de la colonia de Massachussets, lo que dio origen a nuevas revueltas y al inicio de la guerra

